Las personas que no somos expertas en esos menesteres de las ciencias económicas, logramos comprender la dimensión de la crisis venezolana, cuando escuchamos análisis enjundiosos de profesionales experimentados y bien formados como Miguel Rodríguez. Con él tuvimos la oportunidad de conversar ampliamente, junto a Antonio, sobre las estrategias que se pusieron en marcha para lograr el exitoso proceso de renegociación de la deuda pública venezolana, a comienzos de la segunda administración del expresidente Carlos Andrés Pérez. Relata Miguel Rodríguez, que “el descuento logrado fue superior al 70 %”. Un ejemplo digno a emular para futuras operaciones de esa naturaleza.

Pero lo que quiero destacar es eso de los puntos que miden la caída del producto de un país. Después de escuchar a Miguel Rodríguez, comprendí lo que realmente eso significa y representa para el desarrollo humano y económico de una nación. El ex ministro, que coordinó el gabinete económico del segundo gobierno de Pérez, desde febrero de 1989, subrayaba, como las mediciones acreditadas indicaban que Venezuela, para finales de 1991 ya registraba un embalaje esquivamente a 10 puntos del PIB. “el más grande del mundo, proporcionalmente hablando”, narraba muy orgulloso de la misión cumplida.

Y esa era la pura verdad. La inflación comenzaba a ser domada, el desempleo descendía, mejoraba el nivel de las reservas internacionales, las políticas de controles cedían a las reglas del mercado y la confianza de los inversionistas en Venezuela eran para entonces, portadoras de buenos augurios. Mi tío Miguel Ángel Capriles, solía repetir, que “para un empresario eran condiciones indispensables para animarse a desembolsar capitales, la seguridad jurídica y la confianza que inspiraran las políticas económicas de un gobierno”. Para él, la decisión de cerrar los grifos de RECADI, fue una decisión saludable para los intereses del país, porque ese desaguadero de dólares preferenciales, dejaban una sequía de recursos a un país rico que iba camino a un paradójico empobrecimiento.

Otro destacado ministro del equipo estrella integrado por Carlos Andrés Pérez, Herbert Torres, a comienzos del año pasado, conversando en Washington con Antonio y el ahora embajador Gustavo Tarre Briceño, comparó la situación de Cuba con la que acusa hoy en día Venezuela, para concluir que el panorama nuestro es más desolador que el de los cubanos, porque los ciudadanos en La Habana, cuando se despiertan un lunes exclaman “este día será igual al de ayer domingo”, mientras que los venezolanos cuando comienzan cada semana, irremediablemente confiesan, que “el día de hoy, será peor que el de ayer”.

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