Foto Elizabeth Ostos / Infobae

 

“El petro es una burla, una estafa, un enredo”. Son opiniones de varios venezolanos sobre el pretendido regalo de fin de año del mandatario Nicolás Maduro a adultos mayores y a empleados públicos: medio petro (26 dólares). La criptomoneda bolivariana, el petro, solo se está comerciando en este país caribeño, mediante la inscripción en una página web y en aplicaciones que se cargan en teléfonos inteligentes.

Por Elizabeth Ostos / Infobae

“Nadie vende y compra petros libremente pues no es una criptodivisa; es un método de pago que está activando el gobierno de Maduro. Para que una criptomoneda sea exitosa y se transe en el mercado debe ser libre y descentralizada. Lo que da el gobierno es todo lo contrario, está controlada por un gobierno, que no es lo usual”, explicó a Infobae el especialista en economía digital Aarón Olmos.

“La propuesta de Madero de cambiar los petros a moneda convertible no es más que un ensayo y esto no lo aguanta más la economía del país”, agregó.

Desde el 18 de diciembre pasado, Maduro anuncio que jubilados, pensionados y trabajadores públicos cobrarían el equivalente a medio petro, cuyo valor lo fija su gobierno y no el libre mercado. Aseguró que más de cuatro mil negocios en todo el país estaban habilitados para recibir pagos en la criptomoneda criolla.

Para ser receptor de los petros hay que inscribirse un sitio web activado por el gobierno y cumplir con ciertos requisitos. El que tiene paciencia y tecnología a su alcance logra la asignación del medio petro.

Al recibirlo, el reto es ubicar algún comercio que lo reciba mediante aplicaciones en teléfonos inteligentes o en puntos de ventas que se habilitaron para colocar huellas digitales. Todo un desafío en este fin de 2019 en una nación en donde los servicios de electricidad o internet son intermitentes, en especial en los estados fronterizos con Colombia y Brasil.

 

A favor y en contra

Infobae recorrió varios puntos de venta en Caracas y habló con los beneficiarios del petro.

A las puertas de un supermercado María Fernanda Rojas aseguró que en sus 53 años de vida jamás pensó que “tendría que mendigar para comprar comida y para recibir un beneficio del gobierno. Vivo muy lejos de este sitio y me enteré en redes sociales que aquí iban a activar las ventas con el sistema biopago”.

“Tengo dos días tratando de entrar al supermercado, he hecho largas colas y nada. Una señora organizó varios grupos para agilizar el movimiento. Por eso dejé que me marcaran un número en la mano y escribí mi nombre en una lista, la idea era avanzar. Pero esto es un fraude las cajas el super no están conectadas con el banco del gobierno y no podemos canjear los petros por comida. Esto es una burla al pueblo y a la gente pobre”, comentó a Infobae.

Y agregó: “En mi casa no hay internet o computadora para ponerme a ver eso de las aplicaciones para mover los petros. Yo lo que puedo hacer es poner mi huella en un aparato para comprar, listo, se acabó”.

A la charla se integró Rubén Parra, un oficinista jubilado. Aseveró a este medio que “si Maduro nos mandó a depositar 1.3000.000 (26 dólares al tipo de cambio oficial) es para que lo gastemos en donde sea y no en los pocos negocios que aceptan el fulano biopago, son ganas de molestar a la gente que necesita comida”.

“Yo no tengo acceso a la tecnología, ni a aplicaciones de venta o herramientas de inversión como quiere el gobierno. El petro se gasta y ya. Eso de las subastas es mentira, me han dicho amigos”, indicó.

“Desde hace 36 horas estoy rodando por este mercado para ver si puedo gastar los petros. Dijeron que había miles que aceptaban el petro, pero son dos o tres si acaso por cada ciudad (…) nosotros los pobres estamos demasiado maltratados por Maduro”, se quejó Parra.

Carlos Julio Brito acompañó a su mamá a hacer la cola: “Desde las dos de la mañana llegué con una silla pequeña y maqué mi espacio. Amanecí acá y mi hermano me trajo a mi vieja quien tiene problemas en la visión, está discapacitada. Vivimos cerca, en un barrio (favela) y requerimos comprar comida, todo está muy caro. Tengo dos días tratando de entrar y nada, yo creo que es la gerencia de este local de gente que no es del gobierno que le quiere sabotear la navidad a uno y también le quieren echar la idea de Maduro para atrás. Me parece bien que los venezolanos tengamos petros”.

Es empleado de un supermercado privado, “en donde no hay cola y todo se compra en dólares; no todos entran”. Reconoció ser chavista y madurista “de corazón”: “La revolución tiene cosas que mejorar, como por ejemplo acomodar a la economía y que los reales (dinero) alcancen. Y si van a regalar petros que sea un proceso ordenado”.

Brito enseñó a Infobae el carnet de la patria de su mama, Francisca, de 83 años. También el de militante del Partido Unido Socialista de Venezuela (PSUV), “con Chávez y Maduro pa lo que salga. No quiero saber nada de (Juan) Guaidó y de los gringos. Si ellos llegan al poder acá no los apoyaría nunca”.

 

En las tiendas

Infobae pasó por centro comercial ubicado al este de Caracas y ubicó a algunos comercios que reciben petros como método de pago. Los potenciales compradores buscaban zapatos, ropa, carteras y bolsos.

Carmen, una de las compradoras, apuntó: “Yo no pierdo mi tiempo buscando comida o haciendo colas bajo el sol. Estoy clara que lo del petro es una basurita que nos da el gobierno así que con ese poquito trataré de comprar una cartera”.

Horacio Azuaje añadió: “A mí que me den para gastar que to lo hago. Detesto a Maduro pero me inscribo en cuanta repartición de plata haya. Y si viene Guaidó a dar subsidios lo agarro también, es mi gota de petróleo”.

Varios kilómetros más adelante hay un mercado popular que solo vende ropa. Las colas eran bastante más largas que en los comercios de lujo. Infobae habló allí con Nadia Mendoza y su esposo. Ambos desean llevar algo para sus hijos adolescentes.

“Un buen pantalón me cuesta un millón de bolívares (20 dólares) y acá lo consigo un poco más barato así que con lo que tengo en petros (26 dólares) puedo resolver algo. Es muy poco lo que nos están regalando”, dijo Nadia.

“Yo me conformo con unas camisetas chinas, que son de mediana calidad. La idea es gastar porque no se sabe si hay una fecha de vencimiento del petro o si a Maduro se le ocurre quitarlo si nos portamos mal. Yo me meto en cuanta marcha de oposición hay, pero no dejo de pedirle al gobierno que me ayude”, adviertió José, su esposo.

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